
Hace un par de días que he terminado de leer el libro "Escribir es un tic" de Francesco Piccolo.
Es un libro curioso que cuenta los métodos y las manías de algunos escritores a lo largo de distintos siglos para dar forma a sus novelas o poemas. El libro comienza con el capítulo de "El oficio de escritor"
"En la era de la profesionalidad, el oficio de escritor no se considera tal Porque lo puede ejercer cualquiera. No hace falta aprender una técnica preliminar, esa es la opinión generalizada
Cualquiera puede coger una hoja de papel y un bolígrafo, o sentarse ante un ordenador y escribir un relato.
El escritor Jorge Sepúlveda cuenta esta anécdota:
Siempre me acuerdo de un agente de aduanas de Quito: cada vez que tenía que mendigar una visa me preguntaba la profesión. Cuando le contestaba: "Escritor", repetía: "Le he preguntado la profesión"
Parece ser, por el resto de anécdotas, que sólo aquel que se dedica a oficios, digamos reconocidos, se le puede considerar un trabajador.
El libro continúa con una serie de recopilaciones de cómo y por qué algunos escritores se dedicaron a la literatura. Algunos de ellos, como Faulkner o Cercas, reconocen que su dedicación fue fortuita.
Mi padre, veterinario, nos trajo a Gerona cuando yo era un niño. Me sentí un poco huérfano porque no tenía la sobreprotección familiar de mi tierra de Cáceres. No era mi sitio, no hablaban mi lengua,, no estaban mis abuelos ni mis tíos. Tuve la sensación de ser agredido por la realidad. Tenia que defenderme de alguna manera, quizás por eso empecé a escribir.
Sigue el libro dedicando algunas páginas a quienes se han dedicado a la escritura con dedicación total y a quienes, mientras escribían, ejercían algún oficio ajeno o no a ella. A las manías y a la superación de la angustia que supone encontrarse con el papel en blanco. Los objetos, las habitaciones, los lugares concurridos o no, el silencio, el espacio.
Hemingway escribía en los cafés. Dickens mientras charlaba con los amigos frente a la chimenea.
El orden o desorden de la vida de cada uno.
Así a lo largo de páginas que nos llevan a saber algo más de las vidas de famosos y no famosos escritores.
El último capítulo está dedicado a si es mejor escribir con pluma, máquina de escribir o en ordenador.
Como digo, es un libro curioso, entretenido sin más pretensiones.