Muchas mañanas intuyo que se acerca la hora de levantarse. Mi inconsciente empieza a enviar señales y antes de que suene el ingrato pitido, ya tengo los ojos abiertos. Somnolienta escucho el camión de la basura, el coche de un vecino, el tubo de escape de una moto que atraviesa la avenida y la respiración profunda (eufemismo gratuito) de mi marido.
Esta mañana, sin embargo, todo ha cambiado. Al despertar, he presentido que algo inusual sucedía. El primer cambio ha sido auditivo. He escuchado como un siseo. En principio he pensado que la "respiración profunda" de mi marido había cambiado. He aguzado el oído pero el siseo había cesado. He dejado caer la cabeza sobre la almohada y he regresado a mi dulce sopor.
Al momento ha vuelto a suceder. He permanecido escuchando durante unos segundos. Mi sorpresa ha sido mayúscula cuando he me he dado cuenta, cuando he comprendido que el siseo provenía de mí misma. Rápidamente he encendido la luz. Con la misma rapidez la he vuelto a apagar presintiendo que lo que iba a ver no me iba a gustar. Desde ese momento, el siseo, en lugar de cesar, iba a más, conforme mi respiración se aceleraba por el susto. Mis piernas no me respondían. He vuelto a encender la luz. El siseo era molesto, inquietante, imparable.
Al apartar el embozo un escalofrío me ha recorrido. No he podido chillar, como hubiera sido lo normal, sólo he podido sisear.
En lugar de piernas había una repugnante cola de serpiente de color verde negruzco que se deslizaba de un extremo a otro de la cama. El miedo me ha paralizado por completo. Sentía la metamorfosis que lentamente se iba produciendo en el resto del cuerpo. Mis humanas formas han ido despareciendo tragadas por el escamoso reptil que ascendía incesante. A los pocos minutos en mi cama sólo había una serpiente que siseaba sin cesar.
Menos mal que ha sonado el despertador. De lo contrario, no habría podido escribir este sueño.
Esta mañana, sin embargo, todo ha cambiado. Al despertar, he presentido que algo inusual sucedía. El primer cambio ha sido auditivo. He escuchado como un siseo. En principio he pensado que la "respiración profunda" de mi marido había cambiado. He aguzado el oído pero el siseo había cesado. He dejado caer la cabeza sobre la almohada y he regresado a mi dulce sopor.
Al momento ha vuelto a suceder. He permanecido escuchando durante unos segundos. Mi sorpresa ha sido mayúscula cuando he me he dado cuenta, cuando he comprendido que el siseo provenía de mí misma. Rápidamente he encendido la luz. Con la misma rapidez la he vuelto a apagar presintiendo que lo que iba a ver no me iba a gustar. Desde ese momento, el siseo, en lugar de cesar, iba a más, conforme mi respiración se aceleraba por el susto. Mis piernas no me respondían. He vuelto a encender la luz. El siseo era molesto, inquietante, imparable.
Al apartar el embozo un escalofrío me ha recorrido. No he podido chillar, como hubiera sido lo normal, sólo he podido sisear.
En lugar de piernas había una repugnante cola de serpiente de color verde negruzco que se deslizaba de un extremo a otro de la cama. El miedo me ha paralizado por completo. Sentía la metamorfosis que lentamente se iba produciendo en el resto del cuerpo. Mis humanas formas han ido despareciendo tragadas por el escamoso reptil que ascendía incesante. A los pocos minutos en mi cama sólo había una serpiente que siseaba sin cesar.
Menos mal que ha sonado el despertador. De lo contrario, no habría podido escribir este sueño.







